
Me he metido en el tunel del tiempo del armario de casa de mis padres y he encontrado textos que escribíamos amigos y yo hace 20 años, cartas que no envíe y palabras que recibía -manuscritas- por correo -ordinario-.
Leyendo he tenido la sensación de que me han hecho una lobotomía, porque no recordaba nombres ni contenidos, hasta que he llegado a otras, que ponían el alma del revés y han hecho de pepito grillo: chat en libreta durante la clase sobre el bloqueo de cuba y nuestros posicionamientos, textos vertiginosos y surrealistas de lo cotidiano que me daban aliento cuando estaba viviendo en Gran Bretaña, palabras dulces de un amor platónico a caballo entre la rockería y la chulería "candy moon". Éramos tan cándidos, tan puros y ¡nos quedaban aún tantas neuronas! palabras sin límites, sin hipotecas, llenas de ideales y de sonrisas. He leído a genios que ahora pululan entre maquetas de revistas y el silencio, viajeros incansables que aparcaron hace años las maletas, reyes de las letras que trabajan a golpe de guión, añoro esas relaciones de verdad en las que las conversaciones centraban nuestras vidas y vivíamos el presente sin planes. Puedo reunirlos y darles sus textos, como mínimo tendremos una tarde de risas.



