martes, 22 de febrero de 2011

Luna Lunera

Es posible que parezca camicace pero creo que he perdido el miedo, a base de prueba y error, de sumar experiencias malas que desembocan en la calma, de observar, sonreír y aceptar.

El miedo forma parte de personas y animales, es una alerta ante la amenaza o el riesgo para preservar nuestra supervivencia. En exceso paraliza y el terror llega a matar, qué paradoja, algo que nace para sobrevivir pueda acabar con tu vida.

Sin confianza hay miedo, miedo a expresarnos, a mostrarnos tal y como somos, con nuestra riqueza y pobreza, con nuestras contradicciones, nuestra vulnerabilidad. También hay miedo a lo que piensa el otro, a lo que no piensa, a lo que dice, a lo que calla, a los silencios, a la falta de amor, al exceso de amor, a la soledad, a complacer, a disgustar, a seducir,…demasiada energía dedicada a combatir tanto miedo. La vida no sonríe cuando vives alerta.

El nuevo reto es atreverme a decir lo que quiero decir y ser quien quiero ser y disfrutar del camino, escribir cuando el sueño se acaba o no llega, experimentar, conversar, aprender y reír. Y en el camino puedo cantar “cuando vuelve el amor que tantas veces se ha ido y regresa cada vez más delgado y con cara de vicio tocado me tiene algo preocupado, se me mete en líos, me huele a zotal, pero aun así bienvenido, lo quiero como un hijo laralara…” siempre me queda matarlo ”con el hueso de jamón y el cuchillo de cocina” , …seguro que vuelve.

viernes, 4 de febrero de 2011

Limbo


Pasé bajo el arco y me adentre en la calle sin salida, a la derecha, una parra seca invadía la pared de un antiguo edificio abandonado, al fondo un jazmín invitaba a subir las escaleras, “sigue al conejo blanco, sigue al conejo blanco”. Subí despacio entre las plantas y doblé la escalera, notaba el leve temblor de la estructura a cada paso. Una puerta esperaba abierta mi llegada, al cruzarla todo se volvió rojo intenso, era una estancia irregular y a la izquierda cuatro escalones conducían a otra puerta. Después de observar la habitación y meter en mi bolso todo tipo de revistas gratuitas y flyers que encontré sobre una mesita –as usually- , subí los peldaños y miré de nuevo. Sobre mí, una estructura de madera con forma de escalera inversa me recordaba a las corralas. Géneros plurales y a la vez singulares esperaban en este lugar el comienzo del espectáculo. Atravesé un nuevo acceso, esta vez eran tiras traslúcidas de plástico como las que hay en los congeladores industriales. El nuevo espacio era oscuro y silencioso, a mi derecha nuevos escalones de madera, ahora dispuestos para sentarme y frente a mi estaba ella, luminosa, en un bucle audiovisual, retroproyectada en el escenario, dándonos la bienvenida al piso piloto…Sigo allí, dentro de su bucle, en su mundo blanco, teleportada al limbo.

martes, 1 de febrero de 2011

Música azul mar


La Casa Azul tintinea en mi cabeza alternando los ritmos, emulando a Ally McBeal cuando subía su moral con su música interior. Las letras respiran melancolía, pero son azul cielo, azul mar, azul paz bajo el agua, entre peces de colores en silencio con rayos de sol que se cruzan con los prados de algas. Querría estar ahí ahora, bajo el mar.